
Julio Cortázar decía que el amor no se busca, sino que se encuentra cuando menos lo esperamos. La célebre frase del escritor se refleja nítidamente en la historia de Félix Sánchez y María Dimitrova, quien se ha convertido en una de las parejas más emblemáticas del ámbito deportivo en la República Dominicana.
Su historia es un testimonio poderoso de cómo el destino puede orquestar encuentros sorprendentes a lo largo del tiempo. De hecho, la magia de su sincronía tardó dos décadas en revelarse.
Desde hace aproximadamente 20 años, Félix y María coincideron en múltiples eventos y competencias alrededor del mundo. A pesar de esto, el destino pareció mantenerlos a una distancia prudente. Nunca compartieron una conversación, ni se conocieron personalmente durante todo ese tiempo.
El cosmos parecía tener un plan: cada uno debía alcanzar la grandeza en sus respectivas disciplinas. Félix como el legendario doble campeón olímpico en atletismo y María como la reina del kata; sólo después de ello se permitiría que sus caminos se cruzaran.
Finalmente, ese esperado encuentro sucedió en 2019, pero la chispa del amor se encendió en 2020, justo en medio de la pandemia de Covid-19. El pretexto fue profesional: ambos trabajaron en el desarrollo de la Comisión de Atletas.
“Comenzamos a hablar y pasaban horas sin que nos diéramos cuenta”, confesó María en una entrevista en la sección Palco de Grandes Ligas del Listín Diario, bajo la dirección del editor deportivo Héctor J. Cruz. “La clave fue la comunicación”, añadió.
Por su parte, Félix se sintió atraído por la profundidad de pensamiento de María: “Cada conversación era algo especial”.
La relación floreció rápidamente. Se comprometieron en octubre de 2020 y se casaron en junio de 2021. Para ellos, la rapidez de su noviazgo fue un paso natural, dado que ambos sabían exactamente lo que querían. En octubre de 2021, recibieron a su primogénito, Hayden, y esperan su segunda hija, Alaya, para 2025.
“Ya como adultos, uno sabe lo que quiere en la vida”, afirmó María.
El matrimonio de Félix y María se estructura en un equilibrio perfecto, con apoyo mutuo y una desconexión consciente de la presión mediática. Al llegar a casa, las medallas y títulos pierden su relevancia.
“En casa somos solo mamá y papá. El atletismo y el karate casi nunca son temas de conversación, a menos que sea para coordinar asuntos de nuestras respectivas academias”, aseguró María.
Los roles en el hogar se distribuyen de manera natural. Félix, habituado a vivir en Los Ángeles, disfruta cocinar y se especializa en platos de carne. “No cocino siempre, pero cuando lo hago, me gusta hacerlo a mi manera”, expresó entre risas.
En la crianza de sus hijos, ambos adoptan una postura estricta hacia la educación, viéndola como “no negociable”. En su hogar, se nutre de una rica multiculturalidad donde se hablan tres idiomas: español, inglés y búlgaro.
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