Centros Clandestinos de Rehabilitación: La Verdadera Historia de «Los Rescatadores»

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Recientemente, se han vuelto comunes los videos de hombres persiguiendo consumidores de drogas en barrios de la República Dominicana. Estas imágenes, que irrumpen en viviendas y trasladan a personas a la fuerza hacia presuntos centros de rehabilitación, han comenzado a circular por diversas redes sociales.

Las grabaciones, que se difunden en plataformas como TikTok, Instagram y Facebook, documentan operativos donde algunos participantes se presentan con uniformes similares a los de militares o agentes de seguridad. Otros, en cambio, utilizan esposas y fuerza física para llevar a cabo lo que se denominan “rescates”.

Aunque estas acciones son mostradas como intentos de ayuda y recuperación, diversos especialistas, abogados y familiares denuncian que detrás de los videos se esconde una realidad de encierros forzosos y condiciones de hacinamiento en centros de rehabilitación que operan sin regulación oficial.

Estos fenómenos reflejan la proliferación de los denominados anexos o centros informales de rehabilitación, estructuras que han aumentado en número debido a la crisis de adicciones, la escasez de espacios especializados y la desesperación de familias que buscan alternativas para ayudar a sus seres queridos.

Un caso notable ocurrió el 30 de abril en La Romana, donde el joven Kelvin Alexander De La Rosa Moronta, de 24 años, falleció en el centro «Ejército de Dios: Rescatando al Caído». Aunque los responsables afirman que el joven se suicidó, su familia cuestiona esta versión y denuncia posibles maltratos y condiciones inhumanas en el lugar.

Las imágenes que emergieron tras la tragedia mostraron a su madre intentando reanimarlo mientras expresaba su dolor sobre el cuerpo de su hijo. Este tipo de instituciones tienen antecedentes en los conocidos modelos “underground” de Estados Unidos y “anexos” de México, estructuras que surgen como extensiones no reguladas de grupos de ayuda mutua para personas con adicciones.

Con el tiempo, este modelo se ha extendido por varios países de América Latina, impulsado por el alto costo de clínicas privadas, la falta de programas estatales y el aumento del consumo de drogas. En República Dominicana, estos centros comenzaron a multiplicarse a finales de los años noventa y principios de los 2000, con un notable crecimiento en popularidad gracias a las redes sociales en años recientes.

El psiquiatra en adicciones, Víctor Figueroa, manifestó: “El daño empieza desde el momento uno. Esto genera un trauma y una victimización del paciente. Lo primero que debemos proteger es la dignidad humana”.

Muchos de estos centros son dirigidos por personas que afirman haber superado adicciones, bajo diferentes nombres de fundaciones o ministerios religiosos. Uno de los más notorios en redes sociales es Juan Carlos Martínez Guerrero, conocido como “El Rescatador”, quien ha ganado popularidad mostrando internamientos y procesos de rehabilitación.

Figueroa también advierte sobre la efectividad de estos métodos, al indicar que, aunque se escuchan muchos testimonios de éxito tras asistir a un anexo, las estadísticas muestran que las tasas de recaída son alarmantemente altas. “De 450 rescates que yo he hecho, solo unos 20 han sido voluntarios; los demás han sido bajo presión”, declaró Juan Carlos.

La madre de Kelvin, Marlenys Amarante, relató que encontró el centro a través de TikTok y decidió internar a su hijo tras recibir promesas de atención adecuada. Sin embargo, luego descubrió condiciones deplorables, hacinamiento y falta total de personal médico, lo que llevó a su hermano a describir el lugar como una “cárcel improvisada”.

Tras la muerte de Kelvin, su madre formalizó una queja contra los responsables del centro. El director de Hogar Crea Dominicano, Julio Díaz, criticó el auge de estos grupos como “una moda sin criterio científico” y mencionó que muchos operan sin la debida habilitación del Ministerio de Salud Pública.

Abogados advierten que algunas prácticas en estos centros pueden constituir delitos graves, como “golpes, heridas y encierro ilegal”, recalcando que ninguna institución privada puede internar a una persona a la fuerza sin la debida autorización judicial.

Las secuelas psicológicas que sufren las personas sometidas a estos internamientos son alarmantes, incluyendo trastornos de estrés postraumático. A medida que los “rescatadores” continúan viralizando sus operativos en redes sociales, surge la incertidumbre sobre quién supervisa estos centros, que operan públicamente aún con constantes denuncias en su contra.

Preocupaciones sobre el crecimiento de centros de rehabilitación en República Dominicana

  • Los videos de «rescates» muestran operativos que incluyen violencia y encierros forzosos.
  • Centros informales de rehabilitación operan sin regulación, aumentando el riesgo para los pacientes.
  • La muerte de Kelvin De La Rosa ha generado denuncias por maltratos en estos lugares.
  • Abogados advierten sobre las serias implicaciones legales de estas prácticas.

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