
Angélica Torres, diagnosticada con dermatitis, narra las dificultades que ha enfrentado.
Los procesos cotidianos a menudo adquieren un nuevo significado ante cambios inesperados. Durante años, Angélica Torres se preguntó por qué los sistemas de registro en su lugar de trabajo no reconocían sus huellas digitales. A diferencia de sus compañeros, quienes marcaban su asistencia sin dificultad, ella debía intentarlo repetidamente, sin ningún éxito.
En un país donde millones de personas deben validar su identidad mediante datos biométricos, la historia de esta arquitecta de 26 años cobra especial relevancia. Angélica no tiene huellas digitales, un hecho que plantea interrogantes acerca de la eficacia de estos sistemas biométricos, especialmente en un momento en que República Dominicana está renovando cédulas con esta tecnología.
Su historia, que se volvió viral en las redes sociales, muestra a una joven que, como también creadora de contenido, compartía la frustración de intentar renovar su cédula en la Junta Central Electoral. Después de múltiples intentos fallidos, fue remitida a dermatología para certificar médicamente su condición y seguir con el trámite.
Más allá de la dificultad de la burocracia, su testimonio revela un problema más serio: la escasez de protocolos para personas con condiciones médicas inusuales. Posteriormente, Angélica fue diagnosticada con dermatitis por contacto irritativo, una afección que desconocía hasta ese momento.
La dermatóloga Esmeralda Arredondo explica que esta dermatitis es una inflamación de la piel provocada por la exposición continua a sustancias irritantes, como detergentes, productos químicos y jabones.
“Cuando el daño es persistente y afecta las capas superficiales donde se encuentran los dermatoglifos, las huellas digitales pueden volverse temporariamente atenuadas o desgastadas, complicando su identificación biométrica”, añade la especialista.
Para Angélica, el desafío no radica solo en el trámite, sino también en la reacción de quienes la rodean. Recuerda cómo, en varias ocasiones, las miradas de incredulidad y frustración la acompañaron mientras los sistemas trataban de capturar sus huellas sin éxito.
“Mucha gente asocia esto con personas mayores, ya que con la edad las huellas pueden desgastarse. Pero es raro encontrar a alguien de 26 años con este problema y eso sorprende”, comenta Angélica.
Existen individuos que nacen sin huellas digitales, una condición conocida como adermatoglifia, que es extremadamente rara. La doctora Arredondo aclara que el desgaste por dermatitis es adquirido, en contraste con la adermatoglifia, que es genética.
Aunque Angélica ha aprendido a adaptarse, utilizando contraseñas y tokens en su trabajo para registrar asistencia, las complicaciones aumentan en trámites bancarios y otros procesos que dependen estrictamente de métodos biométricos.
Su condición ha transformado su rutina diaria, obligándola a evitar ciertos productos y seguir cuidados específicos para proteger su piel. Después de compartir su experiencia en redes sociales, recibió numerosas respuestas de personas atravesando situaciones similares, quienes no sabían que sus problemas dermatológicos tenían un trasfondo médico.
La doctora Arredondo recomienda un manejo temprano para los pacientes con dermatitis crónica para evitar daños permanentes en la piel. Es crucial proteger la barrera cutánea mediante hidratación frecuente, selección adecuada de productos, evitar irritantes y usar guantes protectores según sea necesario.
Uno de los mayores miedos de Angélica es que los sistemas automatizados no contemplen casos excepcionales como el suyo. Ella espera que su historia sirva para concientizar sobre la importancia de tener tecnología más inclusiva y flexible. “La tecnología facilita muchas cosas, y debe estar preparada para las excepciones”, afirma.
Su relato nos invita a reflexionar sobre la necesidad de protocolos alternativos en un mundo que a menudo presume de su funcionalidad sin considerar a todos. Angélica es más que una huella no detectada; representa a muchas personas que deben adaptarse constantemente a un sistema diseñado para una única norma.
En un contexto donde muchas cuestiones se dan por sentadas, su historia resalta que tras cada excepción hay un esfuerzo por avanzar. Al final, como ella misma dice, no se trata de lo que te ocurre, sino de cómo decides afrontarlo.
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