
En la República Dominicana, el consumo de alcohol se ha integrado en numerosas actividades sociales. Se encuentra presente en celebraciones familiares, encuentros entre amigos, actividades deportivas y festividades populares. Sin embargo, bajo esta normalización subyace una dura realidad que afecta a miles de familias: el alcoholismo. Esta enfermedad impacta no solo a quien la sufre, sino también a aquellos que conviven con ella, dejando secuelas emocionales, económicas y sociales que pueden perdurar durante años.
La magnitud del problema es alarmante. Según datos del Observatorio Permanente de Seguridad Vial (Opsevi), entre 2018 y 2025 se registraron 3,140 infracciones por conducir bajo los efectos del alcohol en la República Dominicana. En 2018 se contabilizaron 1,358 casos, la cifra más alta del periodo. Durante estos años, se reportaron también 1,046 infracciones relacionadas con el consumo de drogas.
Sin embargo, detrás de estos números se esconden historias familiares que raramente se reflejan en las estadísticas. Los accidentes de tránsito, los conflictos familiares y los episodios de violencia vinculados al consumo excesivo de alcohol son solo algunas manifestaciones visibles de un problema mucho más profundo.
Durante 2025, el alcohol y la imprudencia al volante figuraron entre las principales causas de emergencias atendidas por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), reportándose más de 300 accidentes y decenas de casos de intoxicación alcohólica, incluso en menores. Para los especialistas en salud mental y adicciones, estas cifras subrayan la necesidad de abordar el alcoholismo no solo como un problema de seguridad vial, sino como una enfermedad que requiere atención y tratamiento.

Aunque el consumo de alcohol está comúnmente asociado a momentos de celebración, los especialistas advierten que existe una notable diferencia entre beber de manera ocasional y desarrollar una dependencia al alcohol.
El alcoholismo es una enfermedad que se caracteriza por la pérdida progresiva del control sobre el consumo de alcohol. Afecta no solo la salud física, sino también la mental y emocional de quien la padece, así como a quienes están en su entorno.
Cuando una persona desarrolla dependencia al alcohol, las consecuencias suelen extendido a todo el hogar. Discusiones frecuentes, inestabilidad económica, ausencias y miedo constante son parte de la realidad que muchas familias dominicanas enfrentan en silencio.
Los hijos son uno de los grupos más vulnerables. Muchos crecen en entornos marcados por la incertidumbre, temiendo cómo llegarán sus padres a casa y si habrá conflictos familiares. Estas experiencias dejan secuelas emocionales que pueden acompañarlos durante años.
La historia de Mónica ilustra esta realidad. Durante su infancia, vivió las consecuencias del alcoholismo de su padre. Una madrugada, una llamada rompió el silencio de su hogar: su padre había sufrido un accidente tras haber consumido alcohol. Su visita al hospital quedó grabada en su memoria: médicos corriendo y su padre tendido en una camilla, cubierto de sangre.
Con el tiempo, comprendió que el verdadero problema no fue el accidente, sino el alcoholismo, una enfermedad que afectaba a su padre y, por ende, a toda su familia.
La falta de identificación del alcoholismo como una enfermedad lleva a muchas familias a demorarse en buscar ayuda.
Juan Pablo, responsable en una de las sedes de Alcohólicos Anónimos en Santiago, enfatiza que una de las principales confusiones es creer que la organización actúa como un centro médico. “No somos una clínica ni un centro de desintoxicación. Somos una comunidad que asiste a quienes sufren problemas con el alcohol a través de un programa de recuperación basado en 12 pasos,” indica.

El único requisito para integrarse es tener el deseo sincero de dejar de beber. Cada mes, entre 12 y 13 personas solicitan ayuda, algunas logran mantenerse sobrias durante años, mientras que otras enfrentan recaídas.
“Lo esencial es que las puertas siempre permanecen abiertas para quien quiera volver,” añade Juan Pablo. En los primeros meses, los nuevos miembros reciben acompañamiento de otros miembros más experimentados y se les sugiere asistir a 90 reuniones en sus primeros tres meses.
Aunque comienza a afectar a más jóvenes, la sede consultada no ha recibido menores de edad. “Hemos tenido jóvenes de 18, 20 o 21 años, pero no menores,” asegura.
Juan Pablo hace hincapié en la necesidad de apoyar a los familiares de los alcohólicos. Existen organizaciones diseñadas para ayudar a hijos, parejas y otros familiares a recuperar su bienestar emocional.
Aunque Alcohólicos Anónimos no cuenta con profesionales de la salud mental en su estructura, se sugiere buscar asistencia especializada como complemento a la recuperación.
Más allá de su labor, Juan Pablo reflexiona sobre el impacto de las adicciones en la sociedad. Asegura que si no hubiera encontrado ayuda en la comunidad, su vida sería diferente. “Si no hubiera llegado a Alcohólicos Anónimos, probablemente no tendría la familia que tengo hoy,” afirma.
Uno de los principales problemas es la falta de reconocimiento del alcoholismo y otras adicciones como enfermedades que requieren atención. “La sociedad muchas veces ve al adicto como alguien que ha tomado malas decisiones, sin darse cuenta de la gravedad de su condición,” opina.
Juan Pablo destaca que las autoridades deben involucrarse más en la prevención y tratamiento de las adicciones, apoyando también a organizaciones comunitarias que ayudan a quienes sufren por el consumo de alcohol.
Aún hay personas que no saben que padecen esta enfermedad. La mayor difusión sobre el alcoholismo podría ser clave para ayudar a más personas a buscar la ayuda necesaria.
El alcoholismo sigue siendo un problema rodeado de estigmas y prejuicios. Muchas personas aún piensan que se trata de una falta de voluntad, lo que lleva a que casos permanezcan ocultos durante mucho tiempo.
Las familias tienden a evitar hablar sobre el problema debido a vergüenza o miedo al rechazo social, y esta normalización dificulta que los afectados busquen ayuda. Mientras tanto, el deterioro avanza, debilitando relaciones familiares y afectando la salud mental.
A pesar de todo, especialistas concuerdan en que la recuperación es posible cuando la persona reconoce su problema y recibe el apoyo adecuado.
En la República Dominicana, existen diversas alternativas para quienes enfrentan problemas de dependencia al alcohol. Estas opciones incluyen instituciones como la Fundación Fénix, Hogar Crea Dominicano, y centros de rehabilitación especializadas, que proveen tratamiento y acompañamiento.
Las organizaciones como Alcohólicos Anónimos ofrecen espacios para compartir experiencias y reconocer la condición, facilitando el proceso de recuperación acompañado por otros que han vivido situaciones similares.
Mientras grupos e instituciones luchan en la prevención y recuperación del alcoholismo, algunas autoridades han empezado a endurecer las sanciones para quienes conducen bajo sus efectos. La procuradora general, Yeni Berenice Reynoso, destacó que los conductores responsables de accidentes fatales pueden enfrentar hasta 20 años de prisión, en respuesta a una problemática que cobra numerosas vidas cada año.
Sin embargo, para quienes trabajan directamente con afectados por el alcoholismo, la solución va más allá de las sanciones; la prevención y el acceso al tratamiento son fundamentales.
Detrás de cada estadística hay una historia humana. Detrás de cada infracción y accidente hay una familia que enfrenta las consecuencias de una enfermedad que aún muchos no reconocen como tal.
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