
«Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.» (Mateo 21:22)
«Y esto es lo que hemos de saber: que Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.» (1 Juan 4:16)
En estos versículos, encontramos una conexión profunda entre la fe y el amor, dos pilares fundamentales en la vida cristiana. Mateo 21:22 nos recuerda la importancia de la oración y la fe genuina en nuestras peticiones a Dios. Aquí, se enfatiza que debemos creer con todo nuestro ser, pues la fe activa el poder divino. Por otro lado, 1 Juan 4:16 nos habla del amor como una manifestación del carácter de Dios. Permanecer en amor no solo significa amar a los demás, sino también aceptar y vivir la esencia divina que se nos ha otorgado; Dios mismo es amor.
Hoy, podemos aplicar esta enseñanza al reflexionar sobre nuestras oraciones y nuestras relaciones con los demás. Antes de pedirle algo a Dios, analicemos si nuestras peticiones surgen de un corazón lleno de amor y fe. Extendamos ese amor a quienes nos rodean, practicando actos de bondad y compasión. De esta forma, fortalecemos nuestra relación con Dios y con los demás, y nos aseguramos de que nuestras oraciones, basadas en amor verdadero, sean escuchadas y contestadas.
Que esta palabra sea de bendición para tu vida. Amén.